Desde los albores de la Humanidad,
el Hombre ha creído en un ser de carácter mas bien espiritual,
perverso, símbolo de todas las maldades, deseoso siempre de perder el
alma de los seres humanos, y de ser posible penetrar en su cuerpo para
obligarle a cometer toda clase de insanias y perversidades.
Obviamente ante tanto sufrimiento,
fue preciso inventar o descubrir algún medio para contrarrestar y
combatir esa influencia o posesión demoníaca. Era necesario poder
librar a los seres humanos poseídos por esa entidad, cuyos nombres mas
importantes son Satanás, Lucifer, Astaroth o Belcebú (junto con otros
muchos que estudiaremos mas adelante). Y así fueron desarrollados los
exorcismos, o sea una serie de operaciones destinadas a sacar los
demonios del cuerpo.
Pero antes de desarrollar cualquier
explicación sobre lo que es y significa un exorcismo, debemos entender
que es o por lo menos, lo que se conoce sobre el demonio y las
entidades infernales.
La existencia de los demonios esta
demostrada en los libros de Teología. Entre los antiguos, se los
mencionaba según las circunstancias como pigmeos, esfigies o esfinges,
el Fénix u otros animales fantásticos, a los que nadie había visto,
pero que encajaban a la perfección con las descripciones físicas de
quienes decían haber presenciado las apariciones demoníacas, o como
espíritus del mal simplemente.
Algo mas tarde y llegando inclusive
a la mitología nórdica europea, se los denomina elfos, duendes, gnomos
y otras denominaciones que causan confusión en las personas no
demasiado conocedoras del tema, pues estos nombres significan cosas
bastante diferentes a lo que se suele entender como Demonio según la
óptica cristiana católica.
Clasificación básica de los demonios
Nos remitiremos a algunas
referencias mínimas sobre una de las varias clasificaciones de los
demonios, pues difieren en lo general según los diversos lugares del
mundo influenciados por las culturas propias de cada región, aunque en
general se refieran a los mismos conceptos básicos y esenciales, aun
teniendo otra denominación.
Los antiguos admitían tres especies o clases de demonios: buenos, malos y neutros.
Los primeros cristianos solo reconocieron dos: buenos y malos
A causa de lo cual posteriormente
los Demonólogos lo confundieron todo, pues para ellos los demonios son
siempre un espíritu maldito y maligno.
Los Teólogos de la Antigüedad lo juzgaban de modo distinto: los dioses, y hasta el mismísimo Júpiter, fueron llamados demonios por el propio Homero.
Conceptualmente el origen de los
demonios es muy remoto, puesto que todos los pueblos lo atribuyen a una
época anterior a la formación del mundo.
Realizando una lectura a algunos
escritores antiguos, vemos por ejemplo que Aben-Esra pretende que debe
fijarse en el segundo día de la Creación. Menaseben-Israel, que es de
la misma opinión, añade que Dios tras crear el Infierno y los Demonios,
los coloco en las nubes y les dio el encargo de atormentar a los
malvados. Sin embargo, el Hombre no estaba creado en el segundo día,
así que a mi propio parecer este argumento se encuentra falto de
sustento.
Orígenes y algunos filósofos
sostienen que los espíritus malignos son anteriores a la creación del
mundo, porque no es probable que Dios pensara de repente hace tan solo
ocho mil años en crearlo todo por primera vez (sic). Naturalmente estos
pensadores ignoraban todo lo que los descubrimientos arqueológicos,
geológicos y astronómicos nos demuestran que el Universo tiene una
antigüedad muy superior a la que entonces se estimaba. La Biblia no
habla según Orígenes de la creación de los Ángeles ni de los demonios
profundamente pues eran inmortales y subsistieron después de la ruina
de los mundos que precedieron al actual.
Apuleyo pensaba que los demonios
eran eternos como los dioses. Manes y los seguidores de sus sistemas,
también hacen eterno al Demonio considerándolo principio del Mal en
contraposición de Dios, principio del Bien.
San Juan dijo que el Diablo es
embustero como su padre. Claro esta que si Dios había creado al diablo,
era su padre. De ahí se deduce que si Dios es el padre del Diablo por
vía de la generación, el Demonio es consubstancial a Dios, y esta
consecuencia es impía; y si lo es por la creación, Dios es un
embustero, lo cual es una blasfemia. Por tanto, el Demonio no es obra
de Dios, en cuyo caso nadie lo creo, y en consecuencia es eterno.
Los descubrimientos de los Nigromantes y Brujos, y las deducciones de los filósofos y teólogos tampoco resultan satisfactorios.
Por eso hay necesariamente que atenerse a la enseñanza general:
Dios creo nueve coros de Ángeles: Serafines, Querubines, Tronos, Dominaciones, Principados, las Virtudes Celestes, las Potestades, los Arcángeles, y los Ángeles.
Esto al menos es lo que decidieron
los Santos Padres de la Iglesia hace mas de mil doscientos años. Toda
esta milicia celestial era pura y nunca inducida al mal.
Pero algunos, no obstante, dejaronse
tentar por el espíritu de la Soberbia, se creyeron tan grandes como su
Creador, y arrastraron en su crimen a dos tercios al menos del ejercito
angelical.
Satanás, el primero de los
Serafines, y el mas grande de los seres creados, se puso a la cabeza de
los rebeldes. Desde mucho tiempo atrás gozaba de una gloria inalterable
y no reconocía mas señor que al Eterno. La loca ambición provoco su
caída, quiso reinar en una mitad del cielo sentándose en un trono tan
alto como el de nuestro Creador y Señor.
Naturalmente Dios envió contra el al
Arcángel Miguel, al mando de los Ángeles Obedientes, y en cielo se
libro la mas terrible de las batallas, imposible de imaginar por la
mente humana. Satanás fue vencido y arrojado al abismo junto con sus
seguidores. Desde aquel momento termino la hermosura de los vencidos:
les salieron cuernos en la frente, del trasero les broto una larga
cola, sus manos fueron garras cortas, y la deformidad y el
ensombresimiento fueron sus principales características; y su peor
castigo: ser apartados eternamente de la Sagrada Presencia del Creador,
de su luz y su majestad.
Para consolar a los Ángeles Fieles,
y poblar nuevamente los cielos, según expresión de San Buenaventura,
Dios creo al hombre, ser menos perfecto pero que conocía muy bien a su
Creador.
Satanás y los suyos, enemigos ya de Dios y de todas sus obras, resolvieron perder al Hombre si nada se oponía a ello.
Adán y Eva, padres del genero
humano, disfrutaban de una feliz existencia donde todo les estaba
permitido menos probar los frutos del Árbol Prohibido, que según las
Sagradas Escrituras, era el Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal.
Debemos recordar que muchos pensadores, entre ellos el Abate de Villars, sostienen que entre estos frutos estaba el gozo de los placeres carnales de forma impura y egoísta despojada del Amor.
Finalmente Satanás tentó a la
primera pareja humana y triunfo como todos lo conocen a través de la
Tradición. Es entonces que al Demonio debemos la fatalidad de tener que
morir entre otras muchas otras desgracias con las que fuimos castigados.
Al demonio le debemos el hecho de
tener que padecer la muerte; además recordemos que también obtuvo el
poder de tentar a toda la humanidad a su antojo y cuando quiere. Es
mas, en caso de necesidad puede destacar tantos demonios como considere
conveniente a sus propósitos para desgracia del Hombre. Por esta razón
el Hombre es presa del Infierno todas las veces que cede a las
sugestiones del Malvado. Todo por causa de lo que se da en llamar el Pecado Original.
Desde aquella época los demonios
llegaron por legiones a cada rincón de la Tierra. Wierus, que alegaba
haber podido contarlas de manera fiable a través del Esoterismo Nigromantico,
afirma que son mil seiscientas sesenta y seis legiones, compuesta cada
una por mil seiscientos sesenta y seis Ángeles tenebrosos, ascendiendo
su numero a unos cuarenta y cinco millones, con setenta y dos
príncipes, duques, prelados y condes.
Sin embargo Jorge Blovek, intento
demostrar la falsedad o por lo menos, inexactitud de este calculo,
haciendo ver que sin contar los demonios de aire que pululan por
millones, y los guardianes del Infierno, cada mortal tiene uno propio
designado por Satanás
en persona para intentar la perdida de cada alma santa. No debemos por
tanto de asombrarnos de las artimañas, guerras, odios, traiciones,
desorden, y abominaciones de que somos capaces los seres humanos.
Desde la antigüedad, Tertuliano
en sus creencias nos dice que los demonios siempre conservan su
poderío; que pueden estar en todas partes en una décima de segundo, que
conocen el porvenir, y que pueden manejar el clima, controlando las
lluvias, las sequías, las tempestades, y el buen tiempo a su entero
antojo. Por tanto, la Inquisición llego incluso a condenar a los
autores de almanaques por creerlos en tratos con los demonios del
averno.
Desdichadamente para sus sistemas los demonólogos se contradicen muchas veces a cada instante; pues el mismo Tertuliano
añade mas adelante que el Demonio ha perdido gran parte de su poderío
frente a los humanos y por lo tanto seria ridículo temerle (!).
Respecto de las contradicciones de los demás teólogos seria repetir parecidos dogmas. Bodin, autor famoso por la triste obra compuesta contra los brujos y el Diablo que en su Demonomania describe a Satanás con los mas negros colores, dijo en el mismo libro, capitulo I:
Los demonios pueden obrar bien, lo mismo que los Ángeles pueden
errar; el demonio de Sócrates le alejaba siempre del mal y le libraba
de los peligros. Los espíritus malignos sirven para destacar la gloria
del Todopoderoso, como ejecutores de su recta justicia, y no obran
cosa alguna sin el permiso de Dios.
Sobra decir que en esta increíble
mezcla de conceptos, pierde únicamente la verdad teológica aceptada por
la mayoría de los actuales estudiosos del tema.
Según Miguel Psello, los demonios buenos o malos, se dividen en seis grandes sectores:
Los primeros son los demonios de fuego, que habitan en regiones del Universo muy lejanas.
Los segundos son los del aire que vuelan alrededor nuestro.
Los terceros son los de tierra, que se mezclan con los hombres y se ocupan de tentarlos.
Los cuartos son los de las aguas,
que viven en el mar, ríos y lagos, que levantan borrascas, provocan
naufragios y son quienes intentan apoderarse de las almas de aquellos
infortunados que mueren ahogados. Incluso en la mayoría de los casos
son los culpables de esas muertes.
Los quintos son los demonios
subterráneos, que obran en terremotos, erupciones volcánicas, y aludes
de tierra; son quienes arrastran las almas de quienes mueren en los
pozos y minas o yacimientos con una carga muy grande de pecados.
Los sextos son los Demonios Tenebrosos,
así llamados por vivir muy lejos de la luz del Sol, y muy raramente se
los ve en la Tierra; algunos autores culpan a su mala influencia como
responsable de la aparición de los Vampiros entre nosotros.
Sinceramente me encanta este tema.. SEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE.. esta va para ti JIGLEJUICE
29/03/2008 @ 07:27:46
por Zen-Seth
muy bien, necesita de una preparacion, ...
02/03/2008 @ 17:32:36
por Admin
en verdad muy buen libro, pero ...
27/02/2008 @ 21:04:42
por gerlin
bueno (sauri) ahora no podria pues ...
25/02/2008 @ 23:06:56
por Admin
amigo me gusto mucho pero por ...
19/02/2008 @ 01:32:59
por sauri